¿Responsabilidad individual o colectiva?

Gran parte de las campañas para promover la importancia de la lactancia materna ponen el foco en la responsabilidad de la madre o persona lactante de asegurar los nutrientes necesarios para su niñx y construir el comienzo del vínculo de apego que lxs unirá para toda la vida. Sin embargo cabe preguntarnos: ¿qué rol cumplen el resto de los actores en la lactancia materna?, ¿qué tipo de acompañamientos se brinda a la persona lactante desde instituciones como la familia, el Estado o los lugares de trabajo?

La primera semana de agosto es, desde 1992, la Semana de la Lactancia Materna, declarada tras un acuerdo entre la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) cuando se conmemoraron dos años de la Declaración de Innocenti sobre la protección, fomento y apoyo de la lactancia materna. El lema 2020 de la campaña organizada por la Alianza Mundial pro Lactancia Materna (WABA, por sus siglas en inglés) incorpora, además, una visión ambientalista: Apoyar la lactancia materna contribuye a un planeta más saludable. Se centra en el impacto de la alimentación infantil en el medio ambiente y el cambio climático.

De la recomendación a la acción 

Con el paso de los años, las recomendaciones sobre la lactancia materna han cambiado considerablemente. Sin embargo, el acuerdo general en la actualidad es que se recomienda la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses del/a niñx y, luego de la incorporación de los primeros alimentos, sostener la lactancia hasta los dos años de edad o más (1)

Según datos de la Encuesta Nacional de Nutrición y Salud realizada en 2019 por la Dirección Nacional de Maternidad, Infancia y Adolescencia (2), el 97% de lxs encuestadxs iniciaron la lactancia. En el 3% restante, lo motivos que aparecieron fueron: que el/la niñx nunca se prendió, que la persona lactante nunca tuvo leche o no tuvo el deseo de amamantar, y que se siguió una indicación médica o de salud.

De responsabilidades y obligaciones

La obligación de amamantar siempre ha recaído en la madre o persona lactante, como si se tratara exclusivamente de una responsabilidad individual. Sin embargo, si pensamos en la alimentación y la salud como acciones construidas en y por las comunidades, la lactancia no puede escapar a ese enfoque. De allí surge la pregunta obligada sobre el rol del resto de las instituciones que son parte de nuestra sociedad, tales como la familia, el Estado y los espacios laborales.

¿Tienen las personas lactantes el acompañamiento de sus respectivas parejas o núcleo familiar? ¿Qué pasa cuando la persona gestante decide no amamantar? ¿Tiene la suficiente compañía para sostener su decisión o, por el contrario, es estigmatizada por no cumplir con la prescripción familiar y/o médica? Existen diversos imaginarios y sentidos que se construyen sobre el ser madre y, por ende, sobre el amamantamiento. Las presiones sociales sobre el ser buena o mala madre no escapan a esta cuestión.

Estado, mercado y sistema de salud

Si bien en la mayoría de los organismos de salud (ya sean del Estado o de entidades internacionales) el discurso sobre la importancia de la lactancia aparece como consensuado, aún hoy en día muchxs profesionales de la salud continúan reproduciendo algunos mitos que durante años fueron construidos y distribuidos por empresas productoras de sucedáneos de leche materna (SLM) (3). Frases como “Dale esta leche que con la tuya no se llena” o “Si no se prende, dale este yogurcito que alimenta mejor” aún siguen escuchándose desde algunxs profesionales de la salud.

Sucede que la publicidad de las grandes marcas de estos productos sucedáneos de leche materna mantienen una gran posición y un importante poder de lobby en el sistema sanitario argentino. Durante años desalentaron el amamantamiento para instalar sus productos, pero luego de la sanción del Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna (CICSLM) por parte de la Organización Mundial de la Salud en 1981, las compañías debieron adaptarse para no perder clientes. 

De esta manera, en la actualidad no solo publicitan sus productos sino que organizan congresos o jornadas para alentar que lxs profesionales de la salud recomienden este tipo de productos a las personas lactantes. Como sostiene el Médico y Magíster en Epidemiología, Gestión y Políticas de Salud de la Universidad Nacional de Lanús, Fernando Vallone (2009): “(…) Las políticas, tácticas y estrategias comerciales llevadas adelante por las empresas de alimentos infantiles [van desde] descuentos por la compra de un producto hasta el pago total de los sueldos de residentes de pediatría de instituciones privadas o la organización de sofisticados congresos de nutrición a bordo de cruceros caribeños ‘todo incluido’”. A tono con esto, tanto la OMS como la UNICEF se han pronunciado hace dos meses para solicitar a los países que sean más estrictos en los controles de la comercialización de los sucedáneos de la leche (4).

Espacios de trabajo: ¿están preparados?

En nuestro país, las personas lactantes trabajadorxs tienen derecho a dos descansos de media hora para amamantar a su hijx en el transcurso de la jornada de trabajo, durante todo su primer año de vida. Si no está cerca, podrá sumar esos descansos y trabajar una hora menos por día durante el período indicado. Esto afirma el Art. 179 de la Ley de Contrato de Trabajo 20.744. Además, la Ley 26.873 de Promoción y Concientización Pública de la Lactancia Materna promueve la generación de “Espacios Amigos de la Lactancia”, es decir, lugares con un espacio higiénico y privado para que lx lactante pueda extraerse leche y refrigerarla, en caso de ser necesario. 

Sin embargo, más allá del marco jurídico regulatorio, según un estudio de UNICEF (5), el 92% de las empresas argentinas no cumplen con estos espacios de lactancia amparados en la Ley. Por si esto fuera poco, solo 2 de cada 10 organizaciones del sector privado ofrecen reducción horaria para el cuidado de niñxs pequeñxs o la posibilidad de teletrabajo. Además, resulta necesario recordar que las personas que no tienen trabajo registrado ni siquiera tienen sus derechos amparados bajo esa ley. 

Estamos convencidxs de que la lactancia materna es un acto colectivo, en el que no solo la persona lactante tiene responsabilidad sino también padres, madres, amigxs y demás personas cercanas. El Estado debería garantizar que tanto el mercado como el sistema médico cumplan con todas las normativas y disposiciones necesarias para que el acto de amamantamiento sea una responsabilidad colectiva y no individual. 

Rodrigo Bruera. Licenciado en Comunicación Social.

Universidad Nacional de Córdoba.

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