Repensar la salud en clave social

El 12 de julio es el Día Nacional de la Medicina Social, un campo de estudio que invita a reflexionar en los determinantes sociales en los que se encuentra inmersa una persona o una población para hacerle frente a una enfermedad. Un día para repensar los aspectos desatendidos en las medidas tomadas por la pandemia de COVID-19. 

Desde el 2002, cada 12 de julio se conmemora el Día Nacional de la Medicina Social en homenaje al nacimiento del Dr. René Favaloro, y en reconocimiento de todxs lxs médicxs que se desempeñan en esta área en beneficio de la comunidad. 

Un poco de historia

René Favaloro nació el 12 de julio de 1923, en “El Mondongo”, barrio de la ciudad de La Plata. Pasó su infancia y adolescencia entre la escuela barrial, el taller de carpintería de su padre y la casa de su tío médico. 

Cuando finalizó la escuela secundaria, ingresó a la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de La Plata. A partir de tercer año, comenzó las residencias en el Hospital Policlínico de su barrio, lugar al que siempre regresaba después de clases, para ver la evolución de los pacientes con los que trabajaba. En 1949, apenas recibido, accede de forma interina al puesto de médico auxiliar en el mismo hospital, y al poco tiempo le ofrecen la permanencia en el cargo, pero decide rechazarlo porque en la ficha que debía completar con sus datos le pedían que firmara la aceptación de las doctrinas de gobierno. “Poner la firma en esa tarjeta significaba traicionar todos sus principios”, dice su biografía en la página oficial de la Fundación Favaloro (1)

Casi en simultáneo, recibe una carta de un tío en Jacinto Aráuz (La Pampa), en la que le pedía que fuera al pueblo porque el médico del lugar se encontraba enfermo. Decide aceptar el puesto porque serían pocos meses, pero pasa allí muchos años. Junto a su hermano Juan José, que también era médico y se mudó poco tiempo después, crearon un centro asistencial, trabajaron en mejorar la calidad educativa de la población, redujeron la mortalidad infantil y las infecciones durante el parto, y organizaron un banco de sangre viviente con donantes que estaban disponibles cada vez que los necesitaban. 

Su interés por la cirugía torácica lo llevó a especializarse en Estados Unidos. Allí trabajó como residente, y luego como miembro de un equipo de cirugías. Con el tiempo, comenzó a inclinarse por la anatomía de las arterias coronarias y su relación con el corazón. “A comienzos de 1967, Favaloro comenzó a pensar en la posibilidad de utilizar la vena safena en la cirugía coronaria. Llevó a la práctica sus ideas por primera vez en mayo de ese año. La estandarización de esta técnica, llamada del bypass o cirugía de revascularización miocárdica, fue el trabajo fundamental de su carrera” (2)

En 1971 decide regresar a la Argentina, y en 1975 funda la Fundación Favaloro, junto con otros colaboradores. Con el tiempo se convertiría en un centro de investigación, docencia y tratamiento. Durante los años que trabajó en el lugar, siguió haciendo hincapié en la prevención de enfermedades y en las reglas básicas de higiene. Además, denunciaba problemas como la pobreza, la desigualdad, la desocupación, convencido de que conocer y tomar conciencia sobre un problema ayuda a subsanarlo. 

“Uno se debe a la comunidad”, dijo René Favaloro en la carta que dedicó a lxs jóvenes en el festejo de los 100 años del Colegio Nacional de la Universidad de la Plata. “Esto nos enseñaron todos aquellos hombres que tenían diversa extracción. Yo quiero recalcar que había de todos los sectores: conservadores, radicales, socialistas, anarquistas; todos entre los profesores nuestros. Y, sin embargo, todos nos dieron el mismo mensaje. Uno no solamente debe vivir para sí mismo, si no que debe vivir para la comunidad y hacer algo por el mundo en que uno vive” (3)

La medicina social en los tiempos del coronavirus

Hoy, esta fecha nos invita a reflexionar sobre el abordaje de la pandemia de COVID-19 en Córdoba, el país y la región, y en las medidas de aislamiento social, preventivo y obligatorio. “El debate sobre el tema de la epidemia no es exclusivamente sanitario, es también ideológico, político, económico, social, cultural y medio ambiental” (4), dice la Asociación Latinoamericana de Medicina Social (ALAMES) en su comunicado de abril de este año. 

A lo largo de las diferentes coberturas mediáticas que se hicieron sobre la pandemia, y a lo ancho de los diferentes artículos que se escribieron sobre la misma, salta a la luz de inmediato que los mayores perjudicados son los grupos sociales más vulnerables. De hecho, las principales problemáticas registradas por el aislamiento en nuestro país son: la precariedad de los hogares que dependen de ingresos informales, las dificultades que presentan las personas institucionalizadas (cárceles, instituciones psiquiátricas, geriátricos), y el incremento de denuncias por violencia de género (5)

Esto se suma al desplazamiento de otras patologías, dada la importancia de equiparse y capacitarse para hacer frente al coronavirus, lo que derivó en la desatención de enfermedades crónicas o degenerativas, y en la disminución de la asistencia a instituciones de salud por parte de la población en general. “Así se redujo significativamente la oferta de servicios y prestaciones que no fueran Covid-19 y, como consecuencia, disminuyó la atención por consultas programadas o espontáneas en las distintas especialidades”, dice Hugo Spinelli. Al tiempo que nos recuerdan cuáles son los grupos de riesgo, se reduce la atención y se incrementa la invitación de quedarse en casa. 

A veces, la existencia de más y mejores servicios de sanidad no está directamente relacionada con el mejoramiento de las condiciones de salud de la población, sobre todo cuando hay grandes diferencias en el acceso a estos avances (6)

La medicina social propone pensar la salud como un derecho, entendida desde sus determinantes sociales, esto es, desde la relación entre la persona y la sociedad (siempre teniendo en cuenta la naturaleza misma de esta sociedad). La Organización Mundial de la Salud (OMS) los define como “las circunstancias en que las personas nacen, crecen, trabajan, viven y envejecen, incluido el conjunto más amplio de fuerzas y sistemas que influyen sobre las condiciones de la vida cotidiana” (7)

En este sentido, y en los tiempos que corren, cobra importancia recordar que si bien el COVID-19 puede ingresar e infectar el organismo de cualquier persona, desde el punto de vista socioeconómico no afecta a todxs por igual. Desde poblaciones que no tienen acceso a servicios básicos (luz, agua, sistema de eliminación de excretas) o que se encuentran expuestas a otras problemáticas (agroquímicos, por ejemplo), hasta el mismo personal de salud (que reclaman por mejores condiciones laborales mientras trabajan previniendo o tratando esta enfermedad), todas las personas, o grupos de personas, se encuentran expuestas al virus de forma diferente. Y, en términos de la medicina social, su atención debe trascender los meros aspectos fisiológicos y anatómicos, considerando también las dimensiones sociales y afectivas que la envuelven. 

Marina Tsernotopulos. Licenciada en Comunicación Social. 

Universidad Nacional de Córdoba. 

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