El déficit de atención y el debate por la medicalización temprana en niñxs

Desde distintas fundaciones y entidades de medicina se promueve la concientización y sensibilización por el Trastorno de Déficit Atencional e Hiperactividad (TDAH). Sin embargo, existe un debate sobre si se trata de un trastorno neurobiológico o, más bien, del inicio de un camino hacia la medicalización temprana de niñxs que no cumplen con ciertos estándares de atención. 

Desde un punto de vista médico, el TDAH es definido como “un trastorno de carácter neurobiológico originado en la infancia que implica un patrón de déficit de atención, hiperactividad y/o impulsividad” (1). Estas tres características aparecen como elementos clave para detectarlo tempranamente. Si bien no se puede determinar sus causas, se afirma que existen cuestiones multivariables atravesadas por factores genéticos, moleculares, ambientales y psicosociales. En cuanto al tratamiento, si bien en muchos casos no se recomienda que la medicación sea la primera opción, algunos especialistas coinciden con José Ramón Gamo al afirmar que la medicación del TDAH “es lo que más mejora la calidad de vida de estos niños, nos guste o no” (2).

La falta de atención, la hiperactividad y la impulsividad aparecen como los síntomas característicos de lxs niñxs que padecen este trastorno. Sin embargo, no hay un consenso científico que pueda afirmar la existencia real y concreta del TDAH tal y como lo entienden muchxs profesionales de la salud (3). De hecho, algunos organismos prestigiosos a nivel mundial como el Instituto Nacional de Salud y Excelencia Clínica del Reino Unido (NICE) o la Organización Mundial de la Salud (OMS) ponen en duda la fiabilidad del diagnóstico. De hecho, a pesar de que desde 2012 algunas entidades relacionadas con el TDAH vienen solicitando a esta última organización la declaración del Día Mundial de la Sensibilización por el TDAH (4), la OMS aún no les ha brindado su respaldo.

¿Desatentxs o desatendidxs?

La reconocida psicóloga y psicoanalista Beatriz Janin es una de las voces discordantes en cuanto a la discusión por el TDAH. Desde hace años viene criticando la excesiva medicalización de niñxs, y sostiene que: “Lejos de estar en déficit, la atención de los desatentos puede estar volcada a cualquiera de los conflictos que componen el drama de la niñez” (5). La profesional considera que hay una catalogación más que una diagnosticación de niñxs y que esto lleva a la contradicción fundamental de preguntarse, entonces, cómo encuadrar ese bullicio propio de la vida y dónde quedan las diferencias entre lxs niñxs. “Lo que se pretende es que todos los niños respondan del mismo modo a lo mismo, sin tener en cuenta las situaciones particulares por las que está atravesando la vida de cada uno” (6), afirma.

Otra voz en similar sentido es la de Juan Vasen, médico especializado en psiquiatría infantil-juvenil, psicoanalista y exdocente de la cátedra de Farmacología (UBA), quien afirma que hay un sector de la psiquiatría que, basándose en manuales de diagnósticos de trastornos mentales, llegan a la conclusión simplificadora de que, si los chicxs no atienden en la escuela es por un déficit de atención, que se debe a un déficit de un neurotransmisor llamado dopamina. Entonces, la desatención es cosificada como un déficit, por lo que la inquietud de los niñxs aparece como un exceso de desatención que hay que disminuir. Según su postura, esto no es nada amigable para con lxs niñxs: “Considerarlos deficitarios porque no nos prestan atención a lo que les decimos padres y docentes es más bien un modo de evaluación ‘enojado’, cuantitativamente grosero y que se realiza casi siempre por una breve observación de pocos minutos, sin escuchar al chico y sus intereses, utilizando escalas (…) que presentan un margen de error sideral” (7).

La educación y la salud en debate

Más allá de las diferentes posturas, entendemos que es necesario realizar un debate integral que trascienda al ámbito de la salud. La hiperproductividad que nos propone el actual sistema de producción en su fase neoliberal genera relaciones familiares basadas en una gran cantidad de horas productivas por parte de lxs adultxs, lo que genera que, quienes tienen hijxs, deban acudir a espacios de cuidado o a personas que se encarguen de ellxs. Todo esto para cumplir con las expectativas productivistas de las respectivas labores, sin importar sus características (en casa, en una empresa, en la calle, en un centro de salud, etc.).

Entendemos que es positivo preguntarnos más que nunca: ¿qué tipo de atención les estamos dando a nuestrxs hijxs? ¿Qué sistema educativo estamos sosteniendo y alimentando que hace que el paso por sus espacios sea, en muchos casos, un padecimiento? ¿Qué relación existe entre la medicalización temprana y la posterior dependencia de muchxs adultos respecto a medicamentos como ansiolíticos o tranquilizantes? ¿Será este contexto de pandemia y aislamiento el momento para repensar estas situaciones? Quedan expuestos los interrogantes que, una vez más, nos llevan a pensar procesos y conceptos de salud desde una perspectiva integral, de cuidado y respeto de las diferencias y particularidades, en este caso, en la niñez.

Rodrigo Bruera. Licenciado en Comunicación Social.

Universidad Nacional de Córdoba. 

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *