Apuntes para (re)pensar el concepto de salud

El 7 de abril de 1948 entró en vigor la Constitución de la Organización Mundial de la Salud (OMS). En su preámbulo, define a la salud como “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. 73 años después, sin una nueva definición avalada por este organismo internacional nos preguntamos: ¿existe un estado completo de bienestar físico, mental y social?, ¿es la salud un aspiracional?, ¿puede considerarse una definición universalmente válida?, ¿qué se piensa desde otras cosmovisiones?

La campaña de la OMS para este año  es “Construyendo un mundo más justo y saludable”. Parte del reconocimiento de que, desde que surgió la pandemia del COVID-19, se pronunciaron las brechas de desigualdad entre personas con mayor y menor acceso a la salud. 

Según afirma en su web oficial: “(…) algunos grupos luchan para llegar a fin de mes con pocos ingresos diarios, tienen peores condiciones de vivienda y educación, menos oportunidades de empleo, experimentan una mayor desigualdad de género y tienen poco o ningún acceso a entornos seguros, agua y aire limpios, seguridad alimentaria y servicios de salud” (1). Visibilizar estas problemáticas aparece como una necesidad urgente y también necesaria, ya que más de 700 millones de personas viven en situación de extrema pobreza y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) estima que las consecuencias económicas de la pandemia dejaría en esa misma situación a 500 millones más (2)

En este contexto es válido preguntarse ¿cuál es el acceso a la salud? entendida como ya la mencionamos al comienzo, a la que solo puede aspirar ese 10% de la población mundial que no tiene garantizadas siquiera sus necesidades básicas de alimentación. 

Denunciar la injusticia de esta situación es fundamental, pero no debería quedar solo en eso. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible propuestos por la ONU parecen demasiado ambiciosos en un mundo que sigue avalando y sosteniendo modelos productivos basados en el extractivismo y la explotación animal. Avanzar hacia modelos respetuosos con el ambiente, que no dependan de la vorágine destructiva del capitalismo extractivista y que estén basados en la producción agroecológica y familiar aparece como una opción posible pero fundamentalmente necesaria para evitar que se sigan propagando enfermedades zoonóticas como el COVID-19 (3).

(Re)pensando el concepto de salud

Existen diversos autores que han criticado el concepto de salud de la OMS (recomendamos la lectura del artículo “La definición de salud de la Organización Mundial de la Salud y la interdisciplinariedad”, de Gustavo Alcántara Moreno (4)) pero lo que nos interesa aquí es problematizar no solamente esa idea aspiracional de alcanzar el “completo bienestar físico, mental y social” (¿llegamos alguna vez a ese estado completo? Si no llegamos, ¿entonces nunca seremos “saludables”?) sino más bien el intento universalizador de dicho concepto, que no hace más que desconocer otras formas y cosmovisiones del mundo. Con esto nos referimos a los saberes ancestrales de los pueblos originarios y sus conocimientos históricos, políticos y colonialmente aplastados por el saber científico occidental.

Clara Chilcano, representante de la Organización de Comunidades Aborígenes de Santa Fe (OCASTAFE), afirma (5): “Un sanador indígena, mal llamados brujos, chamanes o hechiceros, son nuestros médicos tradicionales, conocedores de los ciclos naturales de la vida, el crecimiento, el acompañamiento en la salud, desde ese conocimiento de cuáles son los procesos en las distintas edades, cual es el tratamiento -corporal y espiritual- donde decimos que están las nuevas y las viejas enfermedades”. ¿Cómo se consideran, desde el saber científico, estas ideas? Chilcano también cuenta: “Las enfermedades de siempre son  las espirituales y psíquicas, las corporales nosotros las llamamos las nuevas enfermedades porque en nuestra enseñanza transmitimos que es cuando no había contaminación, cuando éramos libres, cuando teníamos nuestra ‘farmacia’ al alcance de nuestras manos que eran las hierbas medicinales de nuestros montes, las grasa de animales, el lavado en aguas naturales y limpias que hoy ya no la tenemos”.

(Re)pensar el concepto de Salud no solo tiene que ver con una actualización de su definición sino con la posibilidad de ampliar este concepto. Comprender que buscar un “completo bienestar” no es posible sin tener una visión totalizadora o normalizadora del ser humano. Y que la salud no es en todos los casos antónimo de enfermedad.

Entendemos que es fundamental recuperar y valorizar los saberes de nuestros pueblos originarios, partiendo de la base de que no se trata de pensamientos mágicos ni vulgares sino de otras cosmovisiones igual de válidas que, como profesionales formados y formadas bajo el racionalismo científico, solemos desconocer y violentar.

Entender que la salud no solo tiene que ver con nuestro ser individual sino también con el ambiente, las relaciones sociales, la política, la economía, nuestra historia y la de los pueblos y lugares donde nos desarrollamos nos representa una visión más amplia e integral que la presentada por la OMS.

Florencia Bejarano y Rodrigo Bruera.

Licenciadxs en Comunicación Social. Universidad Nacional de Córdoba.

Referencias:

  1. Ver Día Mundial de la Salud 2021 – Construyendo un mundo más justo y saludable. Recuperado de: https://www.paho.org/es/campanas/dia-mundial-salud-2021-construyendo-mundo-mas-justo-saludable.
  2. Ver Objetivo 1: Poner fin a la pobreza en todas sus formas en todo el mundo. Recuperado de: https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/poverty/.
  3. Ver Una sola salud. Recuperado de: https://www.oie.int/es/para-los-periodistas/una-sola-salud/.
  4.  Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/2781925.pdf.
  5.  Ver La salud desde la perspectiva de los pueblos originarios. Recuperado de: https://www.unl.edu.ar/noticias/news/view/la_salud_desde_la_perspectiva_de_los_pueblos_originarios#.YF4_kVVKjDc
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